ARTIGOS

 

Expresionismo y revolucin: el abismo de la realidad

 

Expressionism and revolution: the abism of the reality

 

Expressionismo e revoluo: o abismo da realidade

 

 

Blanca Muoz *

Universidad Carlos III de Madrid, Madri, Espanha

Endereço para correspondência

 

 


RESUMEN

En este estudio se plantea el paso de la conciencia expresionista a la conciencia crtica; es decir, la evolucin del Expresionismo artstico hacia la creacin de la Teora Crtica sociolgica en la Alemania de la Repblica de Weimar. De este modo, se repasan los procesos sociales y culturales que dieron lugar a un tipo de Arte en el que se reflejaban las profundas y dramticas contradicciones de las primeras dcadas del siglo XX, subrayndose por tanto como la Escuela de Frankfurt en su primera Generacin (Adorno, Horkheimer, Benjamn) signific el punto de inflexin fundamental para analizar y entender filosfica y sociolgicamente estas complejas y profundas contradicciones colectivas, as como sus consecuencias histricas posteriores.

Palabras claves:Conciencia crtica, Teora Crtica, Contradicciones, Escuela de Frankfurt, Primera generacin de la Teora Crtica.


ABSTRACT

This study emerges from the expressionist consciousness about the critical consciousness; in other words, the evolution of the artistic expresionism toward the creation of the critical Theory in the Germany of the Republic of Weimar. In this way, the social and cultural processes that gave place to a type of Art in which there were reflected the deep and dramatic contradictions of the first decades of the XXth century are revised, being underlined, therefore, that the School of Frankfurt in his First Generation (Adorno, Horkheimer, Benjamin) is the point of fundamental inflection to analyse and to understand philosophical and sociologically these complex and deep collective contradictions, as well as its subsequent and later historical consequences.

Keywords: Critical conscience, Critical Theory, Contradictions, School of Frankfurt, the First generation of Critical Theory.


RESUMO

Neste estudo expe o a passagem da conscincia expressionista para conscincia crtica; isto , a evoluo do Expressionismo artstico at a criao da Teoria Crtica sociolgica na Alemanha na Repblica de Weimar. O texto faz uma reviso dos processos sociais e culturais que deram lugar a um tipo de Arte na qual se reflete as profundas e dramticas contradies das primeiras dcadas do sculo XX, destacando-se como a Escola de Frankfurt, em sua primeira Gerao (Adorno, Horkheimer, Bejamin), significou o ponto de inflexo fundamental para analisar e endender filosfica e sociologicamente estas complexas e profundas contradies coletivas, assim como suas consequncias histricas posteriores.

Palavras-chave: Conscincia crtica, Teoria Crtica, Contradies, Escola de Frankfurt, Primeira gerao da Teoria Crtica.


 

 

Introducción

El suicidio de Ernst Toller en 1939 en los Estados Unidos clausura y cierra los ideales de llegar a construir una sociedad humanizada. Toller perteneci a una generacin de supervivientes. Una juventud que envejeci y muri prematuramente en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Para esta generacin, angustia y rebelda estuvieron unidas. Angustia ante la irracionalidad de la guerra, rebelda ante la opresin de una sociedad en la que la obediencia y la subordinacin haban convertido en un cuartel los escenarios sociales. Todo qued militarizado en una Alemania que en los comienzos del siglo XX se adentraba poco a poco en los horrores de la Segunda Guerra. Terrores que se preludiaban ya en el Volkgeits de la Literatura que cierra el siglo XIX con el movimiento de la "joven Alemania" y el final de los ideales del Clasicismo y el Romanticismo de Schiller y Goethe1 (FRIEDERICH, 1973).

Es paradjica la evolucin filosfica y literaria alemana desde la "Aufklarung" del siglo XVIII hasta el Expresionismo del XX. De los ideales ilustrados de Lessing y de la confianza serena en la racionalidad de Kant se pasa a la exaltacin de los instintos de Jnger y a la irracionalidad de Spengler. Ser, por tanto, Hlderlin quien compendie el smbolo mximo de una sociedad en perpetua contradiccin entre lucidez y locura, entre clarividencia y enajenacin. La tormenta y el mpetu ("Sturm und Drang"), el sosiego y la calma explican que a comienzos del siglo XX se sinteticen, como los hilos multicolores de un gigantesco tapiz, los ms dispares y contradictorios elementos creativos. As, el Neo-romanticismo, el Simbolismo, las corrientes literarias Csmicas y el Impresionismo sern asumidos y, a la vez, reemplazados por un movimiento que como el Expresionismo profetiza y anuncia el abismal malestar de un tiempo de entreguerras y exaltacin militarista.

El Expresionismo, entonces, resulta inseparable de un marco poltico que a lo largo de la Repblica de Weimar (1919-1933) est en vsperas del Nazismo y de la Alemania vencida y dividida de la postguerra (KLEIN, 1970). Es tan inseparable el desarrollo paralelo de Arte y Poltica desde 1910, - fecha en la que puede considerarse el origen del Expresionismo -, hasta 1933, - momento en el que logra el poder el Nacionalsocialismo, que sera imposible entender el significado ideolgico fundamental de las obras de Georg Kaiser, Alfred Dblin, Ferdinand Bruckner, o el mismo Ernst Toller, sin esta estrechsima relacin entre creacin y estado econmico, social y cultural. De este modo, el Expresionismo refleja esa situacin de violencia y ansiedad colectivas. Pero, especialmente, es el espejo en el que experimentamos la quiebra de la conciencia europea y los sentimientos angustiados de sus ms conscientes intelectuales y creadores.

La crisis de la cultura europea de entreguerras acenta la desconfianza en la coherencia de una sociedad acechada por la locura colectiva. "El grito" de Eduard Munch plasma la inquietud metafsica ante una realidad cada vez menos comprensible y dominada por "un ciego destino". La tensin caracteriza la interpretacin expresionista de lo real. Interpretacin que es, al mismo tiempo, un radical desafo a la sociedad burguesa y sus convenciones. Por ello, la deformacin expresar los estados anmicos del artista en cuanto "traductor" de la conciencia colectiva de la poca.

El creador, por tanto, cobra un papel nuevo y diferente en la relacin entre la obra creada y sus contempladores. Hasta el Expresionismo, el autor establece un universo en el que personajes y temas reproducen un sentido de lo exterior objetivado por la propia subjetividad creadora. Sin embargo, en la creacin expresionista lo exterior es evocado como objetividad interiorizada. Es decir, la realidad social deviene en estado de nimo. Sujeto y objeto coinciden y se hacen inseparables. Es el retrato de la conciencia la visin expresionista del mundo. As ser como se puede explicar el hecho de que haya sido el cine en gran medida el arte de artes en el Expresionismo. Cine y conciencia, mediados por el poder del subconsciente, estn inherentemente unidos2 (KRACAUER, 1985). Y en esta unificacin, los estados de nimo se vuelven smbolos y los smbolos representaciones deformadas de una realidad alienada desde los sentidos de la dominacin creados en las conciencias por la irracionalidad de unos poderes que convierten en irreal la existencia objetiva y transforman en ilgico lo razonable y explicable. En estas condiciones, deformacin, conciencia y poder son los tres ejes a partir de los cuales comprender la reaccin frente a un realismo ingenuo y sencillo.

En consecuencia, las deformaciones de la conciencia hechas por el poder y su dominacin social son, en ltimo trmino, el origen y destino de la creacin expresionista. En este sentido, el derrumbe de la racionalidad colectiva es la grieta que el poder econmico esclavizador ha abierto en el Siglo XX.

El Siglo XX, entonces, en cuanto Siglo de las Masas es la poca del descubrimiento de la vida subconsciente. El hallazgo del Subconsciente fue la consecuencia de la complejidad que iba desarrollando la vida psquica de los individuos. Abandonados a su suerte histrica, tras la dramtica conviccin de la "muerte de Dios" nietzscheana, los supervivientes de la Primera Guerra Mundial vagaron por los restos de unas sociedades en ruina a modo de espectros de Strindberg. Ese vagar sin rumbo semejar el abismo de vidas y sociedades en los recovecos de las imgenes del cine de Murnau. Cine y existencia se convierten en los ejes del nuevo Arte del Subconsciente Colectivo: el Expresionismo alemn.

Frente al Surrealismo, en cuanto Arte y Esttica del Subconsciente Individual, con el Expresionismo las Masas "reciben" y expresan su vida inconsciente, pero ahora como urbana y anmica; mas, tambin, como bsqueda de cambios revolucionarios. Franz Wedekind y Ernst Toller sern los dos polos de un teatro que expresa los sentimientos y subjetividades de los dominados y, sobre todo, de quienes sobrevivieron en el primer conflicto blico mundial del Siglo XX, pero que, a la vez, perdieron no ya la existencia cuanto la conciencia del bien y del mal, de lo social y de lo individual. El nuevo nihilismo postblico slo dejar dos alternativas: el asesinato o la rebelin. Los personajes de Wedekind (Lul, Wozzeck) morirn trgicamente en el caos colectivo, los protagonistas de Toller, al contrario, se rebelarn frente a un destino inexorable que les oprime y corrompe. Ser el Expresionismo del Subconsciente Social el que reaparecer en la Historia y en la Literatura del Siglo XX. Y con esta aparicin, los hroes mitolgicos del wagnerianismo germano se vern sustituidos por el hombre comn y annimo, por ese "ltimo hombre" que como en la pelcula de Murnau es el temible presagio de que "la jaula de hierro" weberiana se ha transmutado en el psiquitrico cruel y despiadado de Caligari.

Por ello, la representacin de la irracionalidad del poder es una de las constantes temticas del simbolismo expresionista. Desde Caligari hasta Mabuse o Nosferatu se proyecta la demencia como caracterstica y referencia ineludible de una sociedad en la que "los nuevos ciudadanos", como en "El vampiro de Dsserdolf" de Lang, han interiorizado la locura que asesina a los dbiles y la alienacin que justifica esos asesinatos. Pero a la vez que el Expresionismo ensea la corrupcin de una burguesa que aupar al Nazismo al poder, tambien nos sealar en su teatro cmo es posible salir de las sombras que nublan y oscurecen la Historia. Ernst Toller, tanto en su vida como en su obra, dar coherencia a aquella frase de Adorno segn la cual: lo que es, no puede ser posible (ADORNO, 1975, p. 101-139).

 

Del romanticismo al expresionismo: las fracturas de la conciencia social

Alemania revela el espritu contradictorio de la cultura europea. La tarda unificacin poltica, sin embargo, no nivel las desigualdades sociales. Al contrario, las contradicciones histricas fueron el sustrato sobre el que se asent la Repblica de Weimar, y con ella se cerraron, pero a la vez se abrieron, nuevas confrontaciones y conflictos. Ser, precisamente, en la creacin literaria en donde mejor se exprese ese estado de conciencia general.

Remontndonos un siglo antes de la constitucin de la Repblica de Weimar, el movimiento de la "Joven Alemania" (Junges Deutschland) comienza una poca literaria nueva al romper con los principios estticos del Romanticismo. No obstante, el espritu romntico, de una manera latente, pervivir en la cosmovisin germana como parte esencial de su comprensin de la realidad. Ahora bien, ese espritu romntico estar siempre caracterizado por "una doble alma": Fausto y Mefistfeles. Los dos personajes de Goethe definen la dualidad del mundo: el sabio y el demonio, la bondad y la maldad, la razn y la locura, la energa y la dominacin. Entre dos extremos se trazan los lmites de la conciencia y del mundo. Voluntad y representacin, determinar Schopenhauer, son los principios y el origen de la existencia. La filosofa de Schopenhauer refleja en gran medida el estado anmico de una sociedad fragmentada entre una voluntad ciega que condiciona la existencia, y unas representacin que se viven como ensoaciones ajenas al propio individuo. Esta situacin enajenada ser el sustrato de una realidad en la que lo irracional se torna una experiencia social y poltica colectiva. De este modo, la evolucin literaria y filosfica alemanas resultan los aspectos ms objetivos para comprender el paso de la racionalidad a irracionalidad, y del idealismo al pesimismo y al nihilismo radical. De Goethe a Nietzsche hay un trayecto en el que se han hecho aicos los sueos hegelianos de un mundo en el que razn e historia coinciden. El crimen, la enfermedad y la guerra, para Schopenhauer, eran la nica realidad existente. Schopenhauer, enemigo declarado de Hegel, expresa lo que generaciones posteriores van a sufrir como manifestacin de "esa alucinada voluntad" que rije los destinos humanos. La esencia del mundo, como afirmar el filsofo antihegeliano (SCHOPENHAUER, 1942), no es ms que un fugaz momento en el que el dolor cesa.

La derrota del pueblo alemn tras la Primera Guerra Mundial es el paisaje en el que cualquier recuerdo del Romanticismo literario o del Idealismo filosfico resulta una mueca hiriente. Mefistfeles sube sobre los hombros de Fausto como un odioso fardo del que es imposible desprenderse. El esplendor de un tiempo mefistoflico presagia el advenimiento del Nazismo. Ser la Repblica de Weimar (RAMOS OLIVEIRA, 1964) el advenimiento de los prestigitadores. Polticos que en apariencia ocultan el desastre blico, intachables padres de familia habitantes asiduos de burdeles, hbiles empresarios expertos en tejemanejes, ciudadanos abocados al engao como supervivencia, hroes de guerra mendigando como histriones de una comedia en la que todos han perdido su dignidad y coherencia. Todos ellos "decoran" el colosal mural de la metrpolis dibujada por Grosz. Ya no son hombres sino caricaturas. Los bocetos han cobrado vida y embadurnan su conciencia con el oportunismo de la supervivencia. Y en esta crisis de civilizacin nicamente podr surgir el Expresionismo.

Es paradjico el breve espacio de tiempo en el que se desarrolla el movimiento expresionista alemn. Entre 1910 y 1920 se abre, y se cierra, el momento de apogeo esttico e intelectual del Expresionismo (RICHARD, 1979). Sin embargo, la cosmovisin expresionista se fue forjando espiritualmente durante el contradictorio siglo XIX. Kierkegaard y Nietzsche, Strindberg y Dostoievski, Ibsen y Zola, y sobrevolando sobre todos ellos el misticismo irracionalista schopenhaueriano. Relativismo y tragedia son los sentimientos de la sociedad alemana que ha sobrevivido y que vuelve a interrogarse sobre la irracionalidad del mundo.

No es de extraar, por tanto, que en este clima psicolgico la lucha encarnizada entre Fausto y Mefistfeles se agudice en la conciencia del creador. El Expresionismo as aparece como una nueva fase de la conciencia europea. Una etapa de irritacin y de angustia, pero tambin de emergencia ante el peligro que de nuevo se aproxima. Podramos afirmar que se est ante un Arte de premonicin que se duele del pasado y presiente que el futuro apresura la catstrofe. Por ello, en slo una dcada se innovarn todas las esferas de la creacin desde la pintura y la literatura hasta la filosofa y el recin inventado cine. No hay ningn mbito de la creatividad que no se renueve y transforme. La regeneracin poltica y social nicamente puede venir de la negacin. La negatividad se extiende por el arte y el pensamiento, culminando en una dialctica negativa que ser la herencia transmitida a las generaciones futuras por la Teora Crtica. De este modo, de la resignacin postblica se pasa a la resistencia expresionista, y de ella a la agitacin de las vidas y de las conciencias como harn los dramaturgos Toller y Brecht. Pintura y Teatro son las sntesis ms elaboradas de las condiciones espirituales expresionistas. Y a ellos se unir el Cine, en cuanto nuevo Arte de Masas y del siglo XX. Las sombras as cobran vida. De la inmovilidad pictrica se llegar al movimiento consciente de la revolucin cinematogrfica de Lang o Murnau. La trayectoria creativa que lleva del Romanticismo al Expresionismo y de la Literatura al Cine no slo tiene sus causas en los procesos histricos de la sociedad alemana en su paso del siglo XIX al XX, cuanto tambin en la profundizacin filosfica sobre la racionalidad y la irracionalidad de la sociedad moderna. La Modernidad que en Inglaterra ha generado la revolucin liberal y en Francia ha conducido a la Revolucin Francesa, en Alemania se ha gestado en una revolucin intelectual sin precedentes. De "Leviatn" del empirista ingls Hobbes y de "La Enciclopedia" de los ilustrados franceses se llega en Alemania a la ms monumental reconstruccin de la racionalidad en la obra de Kant.

La "Crtica de la Razn Pura" equivale a la arquitectura medieval, slo que ahora es la arquitectura del pensamiento, -y sus capacidades y posibilidades-, la que se construye como el gran smbolo de los nuevos tiempos ilustrados. La confianza en la entrada de la Humanidad en su mayora de edad y en la superacin de los miedos irracionales resuena en el kantiano: Sapere aude!. El "!atreverse a pensar ("ser la consigna del Criticismo Kantiano que se extender al Idealismo de Hegel. Pero el concepto de razn que en la filosofa de Kant surga como facultad de conocimiento humano, en Hegel se esparce por todo el Universo haciendo que todo lo real resulte racional. El despliegue de la Razn en la Historia necesariamente debe desenvolver la revolucin de la consciencia por todas las sociedades (HEGEL, 1972).

El Romanticismo alemn, en consecuencia, refleja la energa de la razn, pero a la par se encuentra desamparado ante lo ilgico y lo instintivo. Otra vez la lucha de las conciencias de Fausto y Mefistfeles a las que Hegel dedicar uno de los ms penetrantes y complejos estudios de su "Fenomenologa del Espritu". Lo finito y lo infinito, la libertad y el destino, lo consciente y lo inconsciente, son los polos en los que se articula el sentimiento trgico que lleva del Romanticismo al Expresionismo. La tragedia est inserta de manera inseparable en la conciencia de los creadores alemanes de la Modernidad. De Beethoven llegaremos a Schnberg, y de Hegel nacer su negacin en la obra de Nietzsche.

En donde mejor se observar esa fenomenologa del espritu en cuanto espritu trgico, ser en la Literatura que desde finales del siglo XIX desembocar en el Expresionismo. Si buscamos un smbolo de la dialctica entre lo racional y lo irracional, nadie tan representativo como el poeta Novalis defensor, al mismo tiempo, de la ciencia y de la mstica. Pero esta posicin se va haciendo general en el movimiento de la "Joven Alemania" nacido en la poca de Bismarck que con la obra de George Bchner pone los pilares de la Literatura comprometida con su tiempo y su sociedad.

Bchner se convierte en la referencia imprescindible del giro dado por la Literatura de la "Joven Alemania" hacia la expresin de lo social y lo poltico en cuanto parte esencial de la creacin esttica. En este sentido, si hay un punto de inflexin esencial ste no puede dejar de ser sino su tragedia "Wozzeck", autntico drama en el que lo individual y lo colectivo, lo literario y lo poltico, confluyen en la tragedia del "hombre comn", de los ciudadanos annimos que a partir de este momento van a ir ganando lugar de protagonistas en la Literatura de entreguerras. La realidad se abre camino en el Arte del siglo XIX, del mismo modo que la industria aparece con categora cientfica propia en el Positivismo filosfico y sociolgico de Comte y Saint-Simn. Sin embargo, lo que desde una perspectiva positista es alabado como progreso, en el teatro la nueva sociedad industrial ser representada en sus conflictos, en sus injusticias y en sus desastres de existencia y, especficamente, de conciencia. Woyzeck es el hombre-vctima, el ser maltratado por una sociedad que divide el mundo en verdugos y mrtires. Es el final del optimismo positivista que inequvocamente se encamina al Darwinismo y al Nazismo.

No sera comprendido el Expresionismo en toda su complejidad sin detenernos ms pormenorizadamente en el drama "Wozzeck" de Bchner. En l se encuentran las claves ideolgicas y temticas del Expresionismo posterior. El realismo psicolgico preludia la concepcin de la experiencia interior como representacin de la realidad (MUOZ, 1998). En este sentido, "Wozzeck" encarna la doble realidad de lo cotidiano y de lo histrico. En cuanto experiencia cotidiana la miserable casucha, la taberna obrera, el nfimo trabajo condicionan la existencia del hombre cuya experiencia histrica le ha convertido en soldado, en proletario, en asesino. En ltimo trmino, en un ser sacrificado e inmolado ante el poder irracional de una sociedad ilcita por su injusticia. Pero en una cruel cadena, en una sociedad arbitraria, la vctima, a su vez, hace y crea nuevas vctimas. La mujer y el nio sern, tambin, los nuevos mrtires del belicismo y de la jerarquizacin de la sociedad construida sobre la guerra y el clasismo. La escena final de la obra de Bchner que casi un siglo despus Alban Berg convertir en pera, no deja dudas del vrtigo indiferente de la cotidianidad cuando los nios relatan al hijo de Woyzeck el asesinato de su madre. La insensible frialdad de lo habitual refleja el endurecimiento de las conciencias alienadas durante siglos de explotacin.

El realismo psicolgico, las filosofas vitalistas y el naturalismo literario componen los climas mentales en los que se despierta la sensibilidad alemana de principios del siglo XX. Sin embargo, bajo la aparente variedad de autores y corrientes, en todas ellas subyace una atmsfera de determinismo que consolida el triunfo de la voluntad irracional de Schopenhauer y del darwinismo de la herencia gentica Ainmodificable. Nihilismo y pesimismo son las fuerzas que enmarcan la victoria de Mefistfeles sobre Fausto. El lado oscuro de un destino histrico derrotado se revela en un autor intermedio entre el Naturalismo y el Expresionismo como fue Gerhart Hauptmann. Pero en Hauptmann ya no hay protagonistas nicos sino grupales. La transicin hacia un arte con hroes colectivos nos indicar la fractura social de entreguerras, pero asimismo las ilusiones de un cambio radical de sociedad y de valores. Nietzsche y Marx, Schopenhauer y Freud, irracionalidad y racionalidad, inconsciente y consciente, tales van a ser los ejes dialcticos de la creacin intelectual y esttica de la Alemania que se abre al siglo XX. Filosofa, Literatura, Msica y Cine van a evidenciar la gran transformacin del siglo: la aparicin de las Masas en la Historia.

 

Del pesimismo nihilista al optimismo revolucionario

Si algo define la creacin esttica germana a lo largo del tiempo, es su absoluta imbricacin en los acontecimientos polticos y sociales de cada poca. Esto se hace evidente en el teatro expresionista que va de Frank Wedekind a Ernst Toller, pasando por Georg Kaiser. La Primera Guerra Mundial signific la agudizacin del sentimiento nihilista de una sociedad a la deriva. El agravio de las reparaciones de guerra que impuso el Tratado de Versalles, convierte al pueblo alemn en vctima de s mismo y del antigermanismo surgido en Europa tras la contienda blica. En estas circunstancias no es de extraar que sea en 1910 cuando el movimiento esttico del Expresionismo se imponga como reaccin frente a impresionismos y simbolismos de finales del siglo diecinueve (MODERN, 1961).

El Expresionismo, por tanto, expresa lo real como existencia objetiva, pero existencia experimentada como experiencia interior y anticonvencional. Precisamente, la ruptura de convenciones est en el origen de la desesperanza expresionista. Un mundo en ruinas, devastado por la guerra y desorientado por la quiebra de unos valores colectivos que han desembocado en la muerte de toda una joven generacin. Y frente a la desolacin popular, una naciente burguesa, enriquecida en el estraperlo y el contrabando, goza y se divierte sin percibir su entorno. La pintura de George Grosz explica mejor que cualquier otra creacin, la decadencia moral, cultural y social del momento. Y, as, lo grotesco y lo ridculo llegan al paroxismo de los gestos y de las apariencias.

Dos Expresionismos literarios y estticos se encuentran enfrentados, pero tambin paradjicamente estrechamente inseparables. El Expresionismo realista y el Expresionismo revolucionario: Franz Wedekind y Ernst Toller. En ambos casos, la crtica social retrata la situacin espiritual del desastre de la Primera Guerra Mundial. Frank Wedekind anuncia precursoramente la esttica expresionista. Hay una perspectiva satrica centrada de manera especial alrededor de los prejuicios que acaban ahogando los mejores sentimientos y las experiencias ms nobles y libres. En "Despertad de primavera" ("Frhlings Erwachen") se enfrentan dos mundos: el mundo de los adolescentes y el mundo de los adultos. El mundo de los adolescentes se sita en la escuela de una cerrada y agobiante ciudad de provincias. Tres personajes centran la accin: Melchor, bondadoso e inteligente; Mauricio, malicioso y astuto; Wend, inconsciente y cndida. Los tres jvenes viven una sexualidad reprimida y culpable. Melchor ser expulsado de la escuela por una primera experiencia sexual. Mauricio se suicidar por su fracaso colegial y su culpabilidad al inducir a Melchor a escribir su experiencia. Y en el centro de este insano ambiente de profesores malvados e hipcritas y de alumnos maleados, se encuentra Wend quien morir al someterse a las prcticas abortistas de una ignorante vecina que encarna el ambiente insalubre de toda esa cerrada sociedad.

Sin embargo, la obra finaliza sus cinco actos con un simbolismo casi metafsico. Un bondadoso desconocido salva a Melchor del suicidio cuando en el cementerio la sombra de Mauricio le incita a darse la muerte. Toda esta ltima parte recuerda los dramas romnticos alemanes en los que hay una permanente reflexin sobre el sentido de la existencia, la bondad y la maldad, los prejuicios y la libertad. Pero el enfrentamiento entre adultos y jvenes en esa asfixiante ciudad provinciana del "Despertar de primavera", se transforma en una lucha irreconciliable entre "dos sociedades": la sociedad "bien-pensante" y la sociedad amoral de postguerras. No obstante, las dos sociedades estn entrecruzadas y mezcladas de forma absoluta, sin ningn contorno que diferencie a la una de la otra. Y por ello ser Lul 3 el smbolo de la degradacin moral de toda la colectividad. En "El espritu de la tierra" y su continuacin en "La caja de Pandora", asistimos a la representacin coral de toda una sociedad sin principios ni reglas.

Lul es la protagonista de "La caja de Pandora" y del drama precursor el "Espritu de la tierra". Casada la protagonista con el anciano Schwartz, seduce al pintor al que se le ha encargado hacer su retrato que, a su vez, es sustituido por Schoen un personaje de la misma catadura amoral que Lul. La muerte de Schwart y del pintor ante el engao que Lul les ha hecho, finaliza con el suicidio de Schoen ante la existencia corrupta a la que Lul le conduce. De manera que este personaje femenino trae la perdicin de todos aquellos seres humanos que se cruzan en su camino. Perdicin que en la segunda parte "La caja de Pandora" escrita por Wedekind en 1901, afectar a la misma Lul.

Al salir de la crcel, tras el suicidio de su marido Schoen, Lul se ve obligada por su padre a ejercer la prostitucin, slo la equvoca condesa Geschwitz la trata con amistad. Es a partir del ejercicio de la prostitucin cuando nos encontramos con los inicios del Expresionismo teatral. Prostitutas jvenes, jugadores, borrachos, hampones, en general, todo un mundillo de lumpenproletariado componen "las alcantarillas" de la ciudad. Y en este ambiente asfixiante, Lul acabar siendo asesinada por Jack el Destripador en una de las escenas ms srdidas del teatro contemporneo. Srdida y a la vez totalmente precursora de la esttica expresionista. La pintura de George Grozs revolotea por todos los rincones de la obra. La decadencia de un mundo sin escrpulos se va fraguando como "la sociedad normal" de una poca que desembocar en una primera Guerra Mundial y en la antesala del Nazismo.

Sin embargo, tanto Wedekind como Hauptmann estn reflejando el ambiente cosmovisivo de toda una poca. La falta de principios y valores, el belicismo, la misoginia, la insolidaridad ms absoluta y la injusticia ms cruel aparecen como actitudes "naturales" de una sociedad en general desestructuracin. En este contexto, resonarn los ecos nietzscheanos de la transmutacin axiolgica de un Zaratustra y los apocalpticos temores de un Spengler ante la decadencia de Occidente. Es por ello por lo que los inicios de la sociedad burguesa alemana de principios del siglo XX se van encerrando en una perspectiva nihilista y en un pesimismo antropolgico e histrico sin precedentes. Y frente a esta situacin va a resurgir la necesidad de dar un nuevo paso hacia el cambio y la transformacin general del callejn sin salida en el que se ha confinado a la poblacin alemana que ya es encaminada hacia la guerra. La revolucin obrera, por consiguiente, se abrir como la gran esperanza frente al triunfo de la barbarie y, as, la frase de Rosa Luxemburgo: (Revolucin o barbarie!, va a resonar como resurreccin humana y social.

Poltica y Arte se hacen inseparables en los comienzos del siglo pasado en Alemania. Expresionismo y Espartaquismo son trminos que, aunque parecen aparentemente alejados, su vinculacin va a quedar evidenciada a lo largo de las primeras dcadas del siglo. El carcter burgus del Expresionismo que refleja una sociedad en descomposicin social, poltica y cultural, no obstante va a cumplir una funcin de concienciacin de las causas que han originado esa situacin de desesperanza. La revolucin espartaquista, en ese sentido, resulta una consecuencia de las contradicciones que han aflorado tras la derrota alemana en la Primera Guerra (BADA, 1971). Pero, sobre todo, la formacin del Espartaquismo significa un concepto nuevo y diferente de revolucin del que haba tenido la revolucin bolchevique de 1917.

El concepto diferente de revolucin del Espartaquismo nace de la evidencia de un fenmeno histrico nuevo: la aparicin de la Masa en la Historia. Se est ante el primer movimiento revolucionario que percibe la transmutacin del pueblo en masa y de sta su trnsito hacia colectividad. Cuando Luxemburgo reafirma la necesidad de la espontaneidad de las masas, lo que est reivindicando no deja de ser sino el protagonismo creador y organizativo de una nueva estructura poltica, cultural y humana. Y ese protagonismo tendr que romper con los viejos esquemas heredados del siglo anterior. Esquemas que son los que la revolucin rusa ha recogido y con los que ha conducido su cambio de sociedad. Sin embargo, tales esquemas han vuelto a reproducir el concepto jerrquico de sociedad con el cual se quera romper de una forma radical (MICHELS, 1969). El problema, por tanto, ser cmo establecer un modelo de sociedad diferente en el que el pacifismo, la libertad y la igualdad lleven a cabo los ideales expresados por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. De nuevo, el teatro y la literatura van a desbrozar el camino de los ideales de la sociedad revolucionaria. Y, as, el nihilismo desencantado del Expresionismo alemn emprende su trnsito hacia la reflexin revolucionaria sobre las posibilidades de una sociedad pacificada.

 

Teatro, revolucin y espontaneidad: la aparicin de las masas en escena

El teatro de Ernst Toller pone en el escenario las escisiones y conflictos de la sociedad capitalista y sus efectos sobre la poblacin. Como haba ocurrido con los dramas de Wedekind, Lul y Wozzeck son las consecuencias humanas de una formacin social en la que la explotacin y la alienacin cosifican y despersonalizan a los individuos. Lul acabar siendo asesinada por Jack el Destripador como una prostituta ms de las asesinadas por el sdico personaje. La mujer cumple, de este modo, con un trgico y despiadado destino que le impone el frreo papel sexual al que la sociedad burguesa la ha confinado. Wozzeck, por su parte, ha sido cobaya humana de una medicina que utiliza a los excombatientes como desechos y experimentos humanos, de soldado licenciado ha pasado a parado y alucinado individuo sumido en la ociosa locura de sus celos que le determinan al asesinato y al suicidio. Como se observa, en los dramas expresionistas de Wedekind los protagonistas se ven impulsados por fuerzas irracionales que viven como un permanente hado inmodificable. La irracionalidad de la muerte se muestra como la catastrfica voluntad que gobierna en toda sociedad injusta. Frente a ella nicamente se puede luchar colectivamente, pero en una colectividad que tome autoconsciencia de que "ese hado inmodificable" no proviene de una voluntad schopenhaueriana que gobierna el Universo, cuanto de la mala organizacin de la sociedad y de sus estructuras. Ser en esta conviccin de donde nace el teatro revolucionario post-expresionista, y de esta certeza surgirn los primeros intentos por expresar que el desorden proviene del orden que consagra la desigualdad, la enajenacin y la explotacin.

Uno de los dramas que sealar ese artificial desbarajuste social ser, sin duda, "El Hombre-Masa" de Toller. Con "Los destructores de mquinas" el drama sobre "El Hombre-Masa" es, quiz, el teatro que se corresponde con la revolucin espartaquista y sus ideales (TOLLER, 2002). Escrito en la crcel en el trgico ao 1919, -asesinato de Rosa Luxemburgo, fracaso de la revolucin espartaquista y encarcelamiento de stos en la prisin-fortaleza de Niederschnenfeld-, Toller reflexiona sobre el valor de la lucha por la emancipacin humana y colectiva. Esta reflexin le lleva a encarar uno de los temas que van a transformar la reflexin social en el siglo XX: el tema de las Masas y su comportamiento.

Se puede decir que la aparicin de la poblacin convertida y "organizada" en forma de Masas imprime un giro nuevo a la Teora Sociolgica y Social. Con la masificacin de las ciudades, como consecuencia de los cambios del paso del capitalismo industrial al capitalismo de tipo monopolstico y financiero, se asiste a unas modificaciones sin precedentes del anlisis referido a las estructuras de socializacin y psicolgicas de la colectividad. Los Psiclogos de las Multitudes como Gustave Le Bon y Frederic Tarde, desde una posicin conservadora, van a formular nuevos planteamientos sobre la conducta de las Masas (LE BON, 1987). La ley de la unidad mental de las multitudes, segn la cual "hay una tendencia a que los coeficientes intelectuales ms torpes acten rebajando al resto de coeficientes", se constituye en unos de los pilares centrales del desprecio elitista al funcionamiento de la nueva sociedad. Pero lo grave de la nueva Psicologa de las Multitudes ser que va a introducir algunos de los tpicos ms perdurables algunos paradigmas de la Ciencia Social y Poltica posteriores (HARRIS, 2000).

Entre esos tpicos que se repetirn en el Historicismo biologicista de Oswald Spengler o en el Vitalismo irracionalista heredado de Nietzsche, van a ser determinantes los siguientes:

- Que las Masas se comportan siempre con criterios de irracionalidad.
- La concepcin de la necesidad de un lder que dirija y gobierne con "mano de hierro" a las multitudes.
- La teora de la decadencia que la conducta de las multitudes ejerce sobre "los grupos superiores y lites" de la sociedad.
- Y, desde luego, la contraposicin entre minoras-mayoras que va a convertirse en una constante de ciertas posiciones tericas posteriores. Desde Pareto hasta Freud encontraremos en el anlisis sociolgico y psicolgico tal preocupacin por el fenmeno nuevo que va a marcar a todo el siglo XX como se ver ms adelante en nuestro estudio (ZEITLIN, 1987). Sin embargo en la Literatura, y en concreto en la creacin teatral, el fenmeno va a ser recibido desde posiciones estticas renovadoras. Frente al teatro burgus, anclado en temas manidos y subjetivistas, va a nacer un teatro revolucionario que refleja los conflictos de las multitudes y que su lgica evolucin culminar con la invencin y la conversin del Cine en Arte. En esta posicin revolucionaria Ernst Toller encabeza la cristalizacin de los ideales luxemburguistas de la toma de autoconciencia de la colectividad maltratada y explotada a lo largo de la Historia.

La reflexión sobre la necesidad de la toma de conciencia en las clases alienadas por el modo de producción serializado del capitalismo industrial tendrá en Giorgy Lúckacs uno de sus mejores teóricos. En “Historia y conciencia de clase” se retoman los temas hegelianos que Marx había conceptualizado como superestructurales. La ideología, el fetichismo y la cosificación reaparecen como el armazón teórico desde el que reconstruir el estudio de los efectos del capitalismo sobre la psicología humana. La psicología humana será el elementos más dañado por una economía que humaniza los objetos y, al mismo tiempo, cosifica a los individuos humanos. Es la inversión de la inversión, y si Marx puso a Hegel sobre sus pies, Lúkacs va a tratar de poner a Marx sobre la cabeza para denunciar la mutilación de las conciencias colectivas por la acción del interés económico privado (LUKÁCS, 1978). Esta será también la gran influencia marxiana recogida por Rosa Luxemburgo en su “Acumulación del capital” (LUXEMBURGO, 1967). Tanto para Lúkacs como para Luxemburgo, el espectáculo de la muerte diaria en las fábricas también es el espectáculo de la muerte en las trincheras, y fundamentalmente de la destrucción de la conciencia colectiva y de sus estructuras de lucidez y conocimiento.

Por tanto, el Neomarxismo de comienzos del siglo XX acusa a quienes trafican con la conciencia de la colectividad e impiden su emancipacin como seres racionales y libres. Solo as es como es posible comprender la valenta del teatro pico de Brecht o del Expresionismo revolucionario de Toller. En sus obras se muestran las argucias del poder que esclaviza a hombres, mujeres y nios con unas cadenas, que como en tiempos pasados, atan a la poblacin a la rueda de una nueva sumisin y de una ignorancia dirigida. Y si en tiempos pasados la esclavitud era encadenada con cadenas de hierro; en la nueva, los cautivos estn confinados a una cadena temporal con un horario que impide el disfrute del tiempo de la vida a los trabajadores del capitalismo postindustrialista. En estas condiciones, las salidas van a ser diversas y radicales. Desde los destructores de mquinas que el Luddismo propag por fbricas y talleres, hasta el sabotaje que, no obstante, fortaleca los mecanismos represivos del capitalismo postcolonial. Todos estas luchas y enfrentamientos se recogen en la obra de Toller. En "Los destructores de mquinas" se afrontar la oposicin y hostilidad obrera frente a la mquina y la tcnica. La destruccin de las herramientas de produccin se concibe como la salida de la explotacin a la que es conducido el proletariado industrial. Sin embargo, y como muy bien haba subrayado Marx en "El Capital", relaciones y fuerzas de produccin no eran ni significaban la misma cosa. La destruccin, por consiguiente, de las mquinas acababa empobreciendo ms an al grupo obrero, ya que con la aniquilacin de la mquina no se acababa, ni mucho menos, con el drama de la cosificacin y la humillacin de los trabajadores.

Ahora bien, en la Alemania de principios del siglo XX, la perdida de la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, las detestables y rencorosas imposiciones del Tratado de Versalles inciden en "el clima mental" de una sociedad que se siente arrollada por sus lites. El Expresionismo, como concepcin del mundo, es el mejor exponente de la situacin anmica de la poblacin alemana. Es por ello por lo que todo recibir la marca de la deformacin y de la anomala. Desde el movimiento del "Brcke" hasta las ltimas pinturas alemanas de Grosz, la sensacin de falseamiento de la realidad se hace omnipresente. Especialmente, el teatro y el inicial cine expresionista reflejarn como ningn otro arte cmo los individuos son avasallados y pisoteados por los intereses econmicos y polticos gobernantes. Y de esta percepcin, el teatro expresionista de Ernst Toller nace como la precursora acusacin de hacia dnde se dirige el capitalismo que convierte a la poblacin en masas, y a las masas, en momentos de conflicto, en soldados y en la carne picada del "tartar", como cantar la clebre e irnica cancin de Bertold Bercht.

En el "Hombre-Masa", por consiguiente, culmina la visin revolucionaria del Expresionismo hasta la llegada del teatro de Bercht. En los siete cuadros que componen la obra se presentan los conflictos y, tambin, los ideales del movimiento obrero en un ao tan determinante como fue mil novecientos diecinueve con la derrota del Espartaquismo y el asesinato de sus lderes. Estamos ante un texto innovador por su forma y contenido. La escena queda estilizada de tal manera que los personajes son representados como alegoras simblicas. La Mujer, el Hombre, el Sin Nombre, los Prisioneros, los Obreros o las Sombras forman un complejo cuadro en el que accin e ideas se intercalan alegricamente. La Mujer significa la Humanidad y sus ideales de progreso y humanizacin, el Hombre resulta la alegora del Estado Burgus, los Obreros y Prisioneros se muestran como las vctimas de la Historia, pero ser el personaje de los Sin Nombre el que exprese a la naciente Masa que se convierte en Ael juguete de Banqueros y Militares. Ser, por tanto, el personaje de los Sin Nombre el que la Mujer buscar liberar de su opresin presente, pero tambin precursoramente de su alienacin futura. Es muy significativa la diferencia que Toller establece entre los Obreros y los Sin Nombre. Frente a la revolucin defendida por los Obreros, los Sin Nombre apoyan la violencia. Entre ambos, la Mujer se alinea con los Obreros, pero rechazando cualquier forma de violencia.

En el quinto cuadro en el que estalla la revolucin y la Mujer es apresada y encarcelada se percibe cmo Toller relata y reflexiona sobre los acontecimientos de la derrota Espartaquista. As, la oposicin de la Mujer a escapar de su prisin asesinando al carcelero, expone los ideales del pacifismo luxemburguista y su antagonismo a la guerra como la forma ms sofisticada de la violencia capitalista-burguesa.

El fusilamiento de la Mujer y la derrota de los Obreros son descritos por Toller no como el desastre de la revolucin, sino como el ascenso de los Sin Nombre, de los Hombre Masa. En la obra se intuye el desnimo de la intuicin del advenimiento de una sociedad despersonalizada en la que los Banqueros dominarn a su gusto y capricho la vida humana. Una escena resulta indicativa de este terrible panorama. Es la escena del "fox trot" de los Banqueros alrededor de las monedas de oro en la inmensa y glida sala de la Bolsa. En "Metrpolis" de Fritz Lang aparece una escena similar en la que los capitalistas danzan en su optimismo blico ante un panorama de batallas y conquistas imperialistas que les favorecen en sus dividendos. Eros y Thanatos se interrelacionan en el parquet burstil (FREUD, 1970; 1974. v. 8, p. 3017-3068).

La masificacin se intuye ya como el problema de problemas del siglo XX. Frente a los movimientos revolucionarios en los que la consciencia prevalece en la planificacin de sus acciones, la poblacin sometida a la masificacin impersonal se va a significar por su inconsciencia. En "La Psicologa de Masas y anlisis del yo" (FREUD, 1969; 1974, v. 7, p. 2563-2611), Freud supera los anlisis mecanicistas de Le Bon y Le Play, estableciendo los mecanismos compensatorios que las despectivamente llamadas "multitudes" desarrollan en cuanto mecanismos de defensa ante el medio hostil. Mas, para Toller, "ese medio hostil" tiene un nombre muy claro y definitorio: capitalismo. De este modo, el Hombre Masa entra ms tempranamente en la Literatura que en la Psicologa. La obra teatral de Toller es anterior al libro de Freud y su ventaja ideolgica estar en la sinceridad de los precursores. Sinceridad que llevar a Ernst Toller al suicidio en 1939 cuando la Historia, definitivamente, se divide ya en minoras y mayoras, en lderes y en masas electrizadas por la demagogia del capitalismo tecnolgico.

 

La mquina y la alienacin: "Los destructores de mquinas".

En el "Hombre Masa" Toller perciba el problemas esencial del siglo XX: la despersonalizacin a la que el capitalismo iba a someter a las poblaciones reducidas a la esclavitud del trabajo serializado. En "El Capital", Marx ya analizaba algo que iba a ser el fundamento de la despersonalizacin, es decir, la alienacin en cuanto perdida de las propias capacidades humanas por efecto del sistema econmico de produccin capitalista, se va a convertir en el problema determinante de la nueva sociedad construida sobre el dinero y la ganancia para unos pocos, la clase dominante. La contraposicin, pues, entre dominados y dominadores equivale a la oposicin entre lites y colectividades en "El hombre Masa" de Toller. Slo que, ahora, en "Los destructores de mquinas" nos vamos a sumergir no tanto en la destruccin de la psicologa colectiva, cuanto en la devastacin del mundo humano a travs del dominio de las mquinas y de los artefactos utilizados y conjurados en contra de las mismas facultades y capacidades humanas. Lo monstruoso del uso de la mquina en el capitalismo provendr de su poder extrao y ajeno a cualquier aspecto que recuerde lo humano. En "Los Manuscritos de Economa y Filosofa" Marx adverta:

"Por eso el trabajador asalariado slo se siente en s fuera del trabajo, y en el trabajo se siente fuera de s. Est en lo suyo cuando no trabaja, y cuando trabaja no est en lo suyo. Es un trabajo forzado... El trabajo ya no es la satisfaccin de una necesidad, sino el medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo."(MARX, 1974, p. 109)

Marx establece una dialctica entre lo humano y lo animal, pero la mediacin entre los dos modos de ser estar en la mquina. El autoextraamiento es la exigencia de un modo de produccin que exige convertir a los individuos en mquinas y, a la inversa, a las mquinas las personaliza. Esta descomunal crueldad modifica las herramientas del trabajo. El hombre ser lo mecnico y los artilugios maquinales tomarn el lugar de los hombres. Pero la lucha hombres-mquinas ser una falsa lucha, porque el dueo de la mquina quedar escondido entre los recovecos del malvado y despiadado mecanismo. Tal fue el error del Luddismo y sus acciones de sabotaje.

Toller encarar, entonces, las luchas obreras desde los inicios de la heroica resistencia de los productores a ser convertidos en cosas. La revolucin industrial consolida en el siglo XIX una organizacin econmica y social en la que la divisin del trabajo encasilla a los individuos en funcin de su pertenencia a clase dentro de los procesos de produccin material. En estas condiciones, los campesinos emigrados, a causa de la miseria rural, hacia las primeras urbes capitalistas se van a ver sumergidos en "otras formas de miseria" ms planificadas y peligrosas. Charles Dickens describi la pobreza exacerbada de los barrios obreros y la avaricia de la clase burguesa que haca de la desgracia obrera su fortuna y privilegio.

As al dividirse la sociedad capitalista en dos clases irreconciliables, los conflictos interclasistas van a definir la sociedad civil y la formacin del Estado de la burguesa. Pero, en esa divisin del trabajo en la que la clase obrera se ver reducida a ser una simple parte de la maquinaria puesta en marcha por la clase burguesa con el objetivo de apropiarse de los bienes materiales, los movimientos de protesta y rebelin van a ser de muy diferente y desigual signo. El Luddismo, en este punto, nace en la industrial textil britnica para hace frente a la introduccin de nuevos telares ms rpidos e inhumanos. La fbrica deviene en crcel y en ese "paisaje" desolador pasar su existencia la clase mutada en mero objeto.

Es imprescindible antes de seguir hablado de "Los destructores de mquinas" de Ernst Toller referirnos a uno de los aspectos que mayor relevancia va a tener en los escritores, filsofos y tericos ms conscientes del siglo XIX. Desde Dickens hasta Balzac y Zola, pasando lgicamente por Marx y Engels, se aprecia una situacin de sobrecogimiento ante lo que est ocurriendo con la instauracin de la sociedad industrial. Las mentes ms lcidas y clarividentes ven con horror cmo hombres, mujeres y nios son apresados en una nueva esclavitud ms sofisticada y perversa. En la mquina textil est el paradigma de la nueva sociedad de clases. Nios sin infancia que desde los cinco aos entran en la cadena de produccin, mujeres que de la cadena pasarn a la prostitucin "como lgico destino" de su pobreza, hombres que no llegarn a los cuarenta aos porque la enfermedad adquirida en el trabajo y los vicios con los que olvida a ste, son los protagonistas de las mejores obras literarias del XIX. "La Taberna" y "La bestia humana" de Emilio Zola nos expresan la condicin de la miseria y su degradacin humana y vital. Pero, a la par, tambin el explotador es reflejado en el Realismo. En "Eugenia Grandet" de Balzac entramos en la casa domstica y en las relaciones familiares del nuevo prototipo humano que se ha ido conformado bajo las nuevas formas capitalistas: la psicologa condicionada y determinada por el dinero. Eugenia Grandet, hija de una clase acomodada, es paradjicamente otra vctima de la sociedad de clases. El proletariado ha sido reducido a la condicin de cosa y asimismo, la cosa-dinero reina y gobierna unas relaciones familiares y humanas sumidas en la pobredumbre y en la corrupcin.

El extraamiento que experimentan las conciencias ms lcidas, es sin duda un proceso esencial para entender la creacin intelectual del siglo XIX. El dinero y la mquina se han apropiado de los humanos. Como si de una invasin de seres de otro planeta se tratase, los burgueses se han implantado en la tierra con la malvada intencin de colonizarla y esclavizarla. Europa, Amrica, Asia y frica sufrirn a los avariciosos burgueses que en su ceguera ambiciosa oprimen pueblos y sociedades, arrollan con sus negocios blicos a generaciones enteras y ultrajan el significado de gnero humano con sus insaciables deseos de riqueza. Las resistencias ante "un orden" en perpetuo desorden sern una constante situacin de la sociedad industrial. De las rebeliones a las revoluciones slo habr un mnimo y pequeo paso. Del Socialismo Utpico de Saint-Simn al Marxismo nicamente ser imprescindible agudizar los anlisis en profundidad de las causas de Ala miseria de las naciones. Sin embargo, hasta la llegada de la investigacin marxiana, los experimentos revolucionarios consistirn en rebeliones romnticas y el Luddismo de todas ellas ser la ms significativa.

La destruccin luddista de las mquinas ser expuesta por Toller en su drama "Los destructores de mquinas" como una reflexin sobre qu hacer ante las contradicciones de la nueva sociedad capitalista. Toda la obra est construida como un inmenso tratado sobre la explotacin econmica, social y humana. Pero, a la par, en la obra hay una contraposicin entre rebelin o revolucin. La rebelin destruir mquinas y fbricas. La revolucin busca cambiar lo que est oculto: la explotacin. En esta dicotoma transcurre todo el drama de Toller. Para los ludditas las mquinas tienen que ser destruidas y desmontadas. Sus argumentos son apasionados y hermosos. Los telares aprisionan como un nuevo Ssifo que nunca logra coronar la cima con sus esfuerzos.

Ahora bien, si en el "Hombre Masa" se asista a una alegora sobre la nueva tipologa sociolgica en la que se iba a encuadrar a la clase obrera, en "Los destructores ..." la personalizacin de los protagonistas de la obra resulta un recurso escnico con la finalidad de crear identificacin en los espectadores con los personajes. Las luchas obreras son recogidas con sus contradicciones, dudas y equivocaciones. Hombres, mujeres y nios aparecen en escena de una manera realista. Sin embargo, Toller siempre introducir alegoras no expresas. En este caso, la mquina es el smbolo no manifiesto, pero permanente en el trasfondo de la situacin.

La máquina es metáfora y emblema del capitalismo. Como pocos años después del drama de Toller hará Fritz Lang en ”Metrópolis”, la máquina engullirá en su vientre a las filas obreras como si de un gigante mitológico se tratase (KRACAUER, 1985, p. 142 y sigs; también ver EISNER, 1988, p. 159-169). El monstruo industrial devora ciegamente, mientras ”en el paraíso” privilegiado el ojo del empresario vigila los más mínimos movimientos de los obreros. Lang precursoramente nos muestra la ciudad de la vigilancia en donde monitores observan para velar por las ganancias de sus propietarios. La maquinaria, de este modo, espía todos los movimientos, pero esencialmente los pensamientos y sentimientos de sus dominados. La alegoría se ha hecho verdadera, con el paso de las décadas posteriores, tanto al drama de Toller como al film de Lang. Y en su objetividad, la explotación colectiva de principios del siglo XX se ha unificado con la alienación general, también colectiva, del siglo XXI. Será por ello por lo que el Expresionismo sigue tan vivo y presente como en sus primeros años de creación. Pues bien, la derrota del movimiento Luddista será previsible en la obra de Toller. La destrucción de las máquinas sume en el paro y la miseria a los obreros. La ruptura de la maquinaría no conllevará la aniquilación del capitalismo. Marx lo percibió conscientemente. Los medios de producción y las fuerzas de producción son una parte del sistema, pero no son el sistema en su globalidad. El Capitalismo, por tanto, se estructura de una forma más compleja que lo que explicaron Saint-Simón o Proudhon. Como no recordar aquí uno de los textos más grandes del pensamiento de todos los tiempos:

"En la produccin social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad. Estas relaciones de produccin corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productoras materiales. El conjunto de estas relaciones de produccin constituye la estructura econmica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurdica y poltica, y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El modo de produccin de la vida material condiciona el proceso de vida social, poltica e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad. Por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia".(MARX, 1970, p. 42-43).

Marx mira as debajo de la alfombra del Capitalismo y encuentra un esqueleto que no es sino la anatoma de la usura: la plusvala. Toller ha puesto en evidencia que la destruccin de los instrumentos de produccin no ha implicado la liberacin de los individuos. Muy al contrario, nuevos males ha conllevado esta rebelin romntica. El empresario ha quedado indemne. El paro resurge como un castigo no deseado por los rebelados. Luego, la realidad del Capitalismo necesita para su aclaracin acudir a las mejores tradiciones intelectuales que la Humanidad ha creado a lo largo de la Historia. Y en esas tradiciones, la Ciencia Econmica permite desvelar el halo de misterio que envuelve a un sistema en el que su dios y creador es el dinero.

En consecuencia, la forma abstracta del Capitalismo necesita una investigacin muy pormenorizada de sus estructuras profundas. Esta investigacin confirma a Marx la necesidad de entender que el sistema de contradicciones capitalistas no se resuelve meramente destruyendo los medios de produccin. Al contrario, la pervivencia de este modo de produccin se concentra en "algo" tan poco perceptible como el concepto de valor. Pero el valor entendido a partir de otro concepto: plusvala. As, la plusvala es la fuerza de trabajo no remunerada e intensivamente utilizada por el empresario. Con este anlisis de Marx, el Luddismo queda relegado a una furia espontnea de los trabajadores ante su explotacin, mas no lograr alterar en ningn sentido el carcter acumulador y destructivo del Capitalismo.

Toller desarrolla una representacin dramtica sobre la ingenuidad de una rebelin obrera en los inicios de la Revolucin Industrial que no haya valorado la capacidad destructiva y represiva del Capitalismo. Sin embargo, en "Los destructores de mquinas" no slo se asiste a la revuelta de los tejedores ingleses, cuanto que lo que est en el sustrato de la obra no describe sino la visin que, tres aos despus de la Revolucin Espartaquista, Toller se plantea en relacin a su fracaso. "Los destructores..." , en suma, fue escrita en mil novecientos veintiuno y supone una profundsima reflexin sobre temas que llegan hasta nuestros das como, por ejemplo, el papel de la mquina en la explotacin social, la insolidaridad-solidaridad de la clase obrera, el sufrimiento de la gran mayora de la poblacin ante el dominio irracional del dinero, la infancia deshecha por el trabajo en la fbrica ..., y en todos estos temas hay un elemento que el autor destaca: el carcter destructivo de la economa capitalista. La hondura con la que en el drama se expone el proceso de explotacin, y sus consecuencias sobre una humanidad cada vez ms indefensa, alcanza una honradez tica e intelectual cuya continuidad posterior tendrn las obras expresionistas y post-expresionistas de Brecht y Drremat.

Un aspecto, no obstante, tiene que destacarse como reflejo del gran debate que los movimientos revolucionarios aportan en los aos veinte del siglo pasado. El tema de la espontaneidad de las masas se superpone tanto en "El Hombre Masa" como en "Los destructores de mquinas". El Espartaquismo de Luxemburgo y Liebknecht defendi la capacidad organizativa de la clase obrera frente al burocratismo de un tipo de partido poltico sumamente jerarquizado y subordinado. Rosa Luxemburgo propugnar un modelo revolucionario de consejos obreros autnomos no dirigidos "por lderes carismticos" ni caudillistas (LUXEMBURGO, 1976). La polmica entre Lenin y Luxemburgo presagia una de las problemticas centrales de los movimientos obreros. En este sentido, el pacifismo y no dirigismo del movimiento Espartaquista va a quedar en la Historia de los Movimientos Sociales como uno de los grandes precursores de la concepcin autoorganizativa de los cambios revolucionarios.

El mismo Ernst Toller ser un espartaquista activo. Participar en la revolucin de mil novecientos dieciocho en Berln y en Baviera ocupar la presidencia del Consejo Obrero que trata de establecer la Repblica de Consejos Obreros en Alemania. Sin embargo, la derrota del Espartaquismo llevar a Toller a la crcel durante cinco aos en los que, al mismo tiempo, escribir sus obras ms representativas convirtindose en gran medida en el dramaturgo ms relevante del movimiento luxemburguista.

Los aos de crcel de Toller fueron aos de gran creatividad. El "Hombre Masa", "El alemn cojo", "Hinkemann" y "Los destructores de mquinas" pertenecen a esta etapa. An escribir "Hurra vivimos" que sumados al "El libro de las golondrinas" y "El da del proletario: requiem por los hermanos asesinados", componen una obra nica en defensa del movimiento obrero y revolucionario. Se podra considerar que Toller expresa mejor que ningn otro autor el Expresionismo Revolucionario. No hubo causa obrera en la que el autor expresionista por participara en los aos veinte y treinta del siglo pasado. Despus de su accin poltica en la Repblica de Consejos Obreros de Baviera y por la que estuvo encarcelado hasta el ao veinticuatro, vendr a Espaa en plena Guerra Civil en mil novecientos treinta y ocho. Momento ste en el que ya Hitler est en la Cancillera alemana y comienza la preparacin de la posterior invasin de Polonia. En estas condiciones, Toller crear el "Spanish Relief Plan" de ayuda a los nios republicanos espaoles. La totalidad de la existencia del dramaturgo revolucionario se pondr al servicio de los ms dbiles. Financiar con sus recursos la ayuda a los nios de la Repblica, pero asimismo luchar en todos los frentes posibles frente al Fascismo y al Nazismo. Espaa y Alemania sern sus horizontes geogrficos e ideolgicos. En Barcelona asistir a la llegada de Franco a la ciudad y en Berln conocer el incendio del Reichtag y el encarcelamiento de sus amigos comunistas. El pesimismo empieza paulatinamente a hacer mella en el espritu de Toller. Su exilio, en mil novecientos treinta y nueve, a Estados Unidos y su suicidio en un miserable hotel de Nueva York recuerdan el drama de todo un siglo: el siglo XX.

 

Conciencia expresionista y conciencia crtica.

El Expresionismo pese a su importancia y trascendencia posterior, sin embargo, fue un movimiento que apenas se prolong ms de una dcada desde su fundacin a principios del siglo pasado. Ahora bien, pese a la corta vida histrica del movimiento, su influencia e influjo ser esencial a la hora de entender en profundidad el estado de las conciencias y las cosmovisiones del siglo XX. En este sentido, el desarrollo del movimiento expresionista coincidir con los prolegmenos de la Primera Guerra Mundial y su estallido. Es la poca en la que se propugna "la unin sagrada" alemana y en la que se empiezan a observar los atisbos de una mentalidad autoritaria de futuras y terribles consecuencias. Pero, tambin, a partir de mil novecientos diez, angustia y revolucin van a ir de la mano. Ello se empieza a percibir en los iniciales poetas expresionistas, especialmente en Else Lasker-Schler y Ernst Stadler. El sentimiento de inquietud y de malestar se impone en la conciencia de una juventud rebelde que aora la tormenta y el mpetu (Sturm und Drang) del pasado y, asimismo, la sublevacin ante el presente (SCHNEIDER, 1956).

El Expresionismo, en definitiva, ser una actitud ante la existencia y la sociedad. Una profunda e inquietante agitacin del espritu se aduear de una generacin que no quiere hacerse cmplice con la decadencia de una clase social dominante que explica su propio declive como el ocaso de toda la civilizacin. Oswald Spengler, as, en su "Decadencia de Occidente" identificar la crisis de la burguesa belicista con el final apocalptico de "una edad civilizada" y el advenimiento de "los nuevos brbaros". El "final de la Historia" aparece y reaparece de continuo cuando el grupo hegemnico ve peligrar algunos de sus privilegios. Ser, efectivamente, el final de la Historia, pero de la Historia de una lite que, de inmediato, ser sustituida por otra. Sin embargo, en ese momento de crisis las conciencias se agudizan y la lucidez har crujir los estancados chasquidos de la convencin. La sociedad convencional y desencajada de principios de siglo que va a conducir a toda una generacin al matadero de la guerra, estar en el origen y germen del rechazo expresionista a la dominacin. Rechazo que gua la actitud revolucionaria de los Espartaquistas y, a la par, acelera la aparicin del pensamiento crtico. Y, sobre todo, precipita el estallido de la necesidad de un cambio radical de poca. Una transformacin epocal, como afirmarn despus los filsofos existencialistas.

La agudizacin de la conciencia crtica en la Literatura germana haba sido iniciada por George Bchner. La denuncia de una sociedad corrupta y clasista est en el sustrato profundo de la actitud de rebelda expresionista. La herencia de Bchner, en consecuencia, va a ser recogida no slo por los jvenes dramaturgos (Hans Johnst, Georg Kaiser o Ernst Toller), cuanto por pintores y msicos. Grosz y Berg son la imagen y el sonido de la poca. Y aqu estar el puente de unin con los filsofos crticos. El joven Adorno recoger de Berg la disonancia angustiada de Lul y Wozzeck, convirtindola en pensamiento dialctico y negativo. La negatividad, en consecuencia, entrar arrolladoramente como Expresionismo filosfico y social llevado hasta sus ltimas consecuencias.

Si Ernst Toller reflej los ideales Espartaquistas en sus obras, Brecht avanza hacia el Marxismo mediante la actitud distanciada. Ese gesto distante ante la realidad que en el teatro de Brecht se nos ofrece, deviene en postura disidente en el pensamiento de la Teora Crtica. Pero esta disidencia se ha ido conformando en la primera educacin juvenil de los autores de Frankfurt y, en concreto, en la profundsima influencia que su profesor de Secundaria dejar tanto en Horkheimer como en Adorno y Benjamin: Sigfried Krakauer.

Kracauer como Berg sern los hilos ocultos del tejido crtico con los que se van a tejer gran parte de la urdimbre terica de la Escuela. Adorno viajar a Viena para conocer las complejidades de la nueva tonalidad dodecafonista creada por Schnberg. Mas, no slo se va a introducir en un universo de sonidos cuanto de conceptos e ideas. En la opera "Lul" la crtica social a una sociedad caracterizada por el cinismo y el disimulo va a ser determinante para un joven Adorno que an no ha decidido su rumbo profesional futuro. El conflicto social, el autoritarismo, la miseria de la conciencia, el belicismo y la corrupcin de una Socialdemocracia que en mil novecientos diecinueve ha asesinado framente a Rosa Luxemburgo en el automvil que la lleva a la prisin. Horkheimer afirmar entonces que ese da de enero comenz el Nazismo en Alemania. La frialdad, el burocratismo, la crueldad disimulada, son transmitidos como el espritu de la poca. Kafka ya est presente en "El Grito" de Edward Munch y en "El Proceso" kafkiano ya se siente en "la jaula de hierro" de Weber y en "la razn instrumental" de Horkheimer. Se podra considerar la perspectiva expresionista como una representacin anmica de una sociedad que se encamina hacia el desastre blico. La disonancia expresa el conflicto de una poca en la que se est asentando el capitalismo que, como afirm Marx, deja como nica relacin humana "la callosidad del dinero". En ese mundo chirriante de los negocios que hacen de la muerte un activo bancario, la guerra se eleva sobre el resto de instituciones y organismos como una transaccin ms en los beneficios y en los intercambios. El malestar en la cultura, al que se va a referir Freud, ser el definitivo triunfo de Thanatos sobre Eros. Y as en la dcada de los aos veinte y treinta del Siglo XX, el principio de destruccin revolotear como un insaciable buitre por los cielos europeos. Esa percepcin del desastre ya haba sido anunciada por los apocalpticos tericos del conservadurismo y del darwinismo social. Spengler en su "Decadencia de Occidente" clamaba por la quiebra de la sociedad burguesa asediada por los "nuevos brbaros". Esta situacin de ansiedad en las nacientes poblaciones convertidas ideolgicamente en masas, ya se describa en la freudiana "Psicologa de Masas y anlisis del yo". Para Freud, el peligro de la irracionalizacin de las poblaciones significaba un mecanismo de relojera puesto en marcha. Y este mecanismo era ms fcil de detonar de lo que era previsible. Por ello, acercarse a la Alemania de la Repblica de Weimar era aproximarse al abismo, a la disonancia , a la dislocacin.

Hay una Weltanschauung cosmovisiva que se presiente en el Arte, en la Msica, en la Pintura y en la Filosofa. El profeta Nietzsche ya anticip la "voluntad de poder" y la necesidad del cambio de los valores. Pero el Superhombre se est fraguando no como un Zaratustra renovador, sino como la salvaje antesala de Goebbels. Por ello, la necesidad de la Teora Crtica es un imperativo ante los chirridos y las disonancias. La aparicin de la primera y nica Escuela de Frankfurt en 1923-1924 significa la sntesis de sntesis ante la quiebra de la racionalidad y del pensamiento.

Explicar la identidad entre Expresionismo, Dodecafonismo y Teora Crtica es tratar de aclarar el estado anmico de unas sociedades devastadas. En la Gran Guerra, todos han perdido. Bueno, ... no todos. Poderosos negocios han florecido al calor del estraperlo y del mercado negro. La prostitucin y la demencia se han incrementado, como se dibuja en las pinturas de Grosz. La Lul de Alban Berg ser el destino femenino, Wozzeck el sino obrero. En la destruccin, sin embargo, se firman transacciones millonarias, slo que ahora los negreros coloniales han tomado otro aspecto: la apariencia del asustadizo "buen burgus" que esconde sus vicios bajo la forma de "buen ciudadano" La personalidad autoritaria est a punto de cristalizar en la teora. Y en esa cristalizacin los "Estudios sobre autoridad y familia" (HORKHEIMER, 2000) del Instituto para la Investigacin Social dirigido por Max Horkheimer sern en donde se afilen los primeros conceptos y temas que desemboquen dcadas despus en el hombre unidimensional.

Era, entonces, una necesidad cantada la formacin de la Escuela de Frankfurt. Todo anunciaba su llegada. Como mesas de un tiempo nuevo y diferente, Horkheimer, Adorno, Benjamin, From, Marcuse, Kirchheimer, Pollock ..., en un primer momento, van a componer el espritu de una poca, como anunciara Hegel un siglo antes al referirse a los cambios que la Revolucin Ilustrada traa a Europa. Pero, en la Repblica de Weimar, el Volkgeits se va a imponer irracionalmente con esa irracionalidad que slo la Socialdemocracia sabe camuflar tan ladina y disimuladamente.

La fundacin del Instituto de Investigacin Social nace del inters por reconstruir, en un primer momento, la historia del movimiento obrero. La herencia del comerciante en trigo que fue el padre de Flix Weil posibilit crear el fondo necesario para establecer los primeros pasos del Instituto bajo la direccin de Carl Grnberg. Sin embargo, ser en mil novecientos treinta cuando asuma la direccin Max Horkheimer el momento en el que ya se puede hablar de la que va a ser una teora imprescindible para comprender las transformaciones del capitalismo industrial en postindustrial, y en su posterior trnsito de postindustrial a capitalismo tardo. De este modo, no es de extraar que el primer texto "Teora tradicional y teora crtica" (HORKHEIMER, 2002) nazca para precisar muy pormenorizadamente lo que era propio de la posicin convencional de anlisis social, de lo que define y caracteriza el significado dado de Teora Crtica al nuevo movimiento cuyo centro lo constituir el Instituto para la Investigacin Social.

Para Horkheimer, slo es entendible por Teora Crtica: la aclaracin racional de la realidad. Se hace perceptible la radical ruptura con las filosofas y teoras no slo del Positivismo sino, a la par, del Historicismo a lo Dilthey o Simmel. Esto es, para los tericos crticos -Horkheimer, Adorno, Benjamin, Marcuse- la crtica debe contener en su estructura un modelo de racionalidad dialctica de inspiracin hegeliano-marxiana, as como un sentido de la Historia en el que el progreso no sea producto de un mero desarrollo tcnico, cuanto de un perfeccionamiento de la conciencia individual y social. El Marx de los "Manuscritos" es el referente oculto de los principios esenciales de la Escuela. Y ello se percibe de manera ntida en el sustrato de la gran mayora de las obras de Horkheimer-Adorno.

Ahora bien, si el Marx de los ”Manuscritos” reconduce el movimiento obrero hacia posiciones nuevas y diferentes, la necesidad de introducir a Freud imprimirá un giro nuevo al análisis sobre el capitalismo. En el libro sobre la ”Psicología de Masas y análisis del Yo”, Freud rebatía a los anteriores teóricos de la Psicología de las muchedumbres. Gustavo Le Play, Federico Le Bon, Williams McDougall o Gabriel Tarde pasaban a ser considerados defensores de un conservadurismo defensivo de índole psicológica, frente al advenimiento de unas nuevas formas de organización social que se imponían a la población en su conjunto. Para Freud, el Hombre-Masa significaba el triunfo del principio de Thanatos sobre el principio de Eros, la destrucción frente a la creatividad. La ansiedad afectiva de las poblaciones, sometidas y dominadas al sistema del poder de la máquina, finalizaba en la irracional necesidad de un líder que, cuan totém todopoderoso y cruel, ”tranquilizase” las conciencias mutiladas, paradójicamente, por ese mismo líder. Víctimas y verdugos identificados en un mismo proyecto histórico. ¡Qué mayor malestar en la cultura que esa identificación con el agresor que las masas experimentarán en su conciencia, por efectos de la despiadada manipulación que el líder ejerce y sacraliza!, afirmarán los autores de la Teoría Crítica.

En efecto, sin Freud la reinterpretacin de Marx que Horkheimer-Adorno llevarn a cabo, quedara incompleta e insuficientemente precisa. Ese Hombre-Masa al que Ernst Toller haba dramatizado y expuesto como la gran tragedia clsica del Siglo XX, pasa a ser, ahora, el protagonista colectivo de una nueva Teora Social: la Sociofilosofa de la Escuela de Frankfurt. y con ello, el smbolo se hace concepto. De las emociones del teatro Expresionista se llega a las explicaciones freudomarxianas del pensamiento crtico. En este trayecto, el capitalismo ha mudado de piel. y aquella boa constrictora a la que Marx se refera en la viscosidad del nuevo sistema econmico, haba mudado de camisa. Del capitalismo industrial de los ludditas destructores de mquinas se haba pasado a otra etapa del capitalismo, la del capitalismo post-industrial. Expresionismo, Dodecafonismo y Revolucin convergan, final y lgicamente, en la Teora Crtica.

Pero no sólo Toller y Berg subyacían en los análisis de la Escuela, también Kafka y Weber ponían el imprescindible matiz del ritualismo burocrático de la nueva sociedad. Samsa, el protagonista de "La Metamorfosis”, exteriorizaba la condición ontológica y psíquica del Hombre-Masa. El hombre modificado en insecto. El poder de la máquina reemplazado por el dominio de lo nocivo y por la voracidad de un submundo inhumano que convierte en habitante de la colmena al individuo metamorfoseado en forma animal. La ”jaula de hierro” weberiana era un peldaño más del calabozo de la conciencia. Pero ya no estamos en una prisión para fieras libres, sino que los individuos han sido colocados en una caja para cucarachas. Esa caja unidimensional será el sentido de la dialéctica crítica: salir de sus paredes, recobrando la forma y la esencia humanas.

El clima mental de los artistas, msicos, cineastas y tericos de Weimar empujaba hacia un horizonte nuevo y diferente. Un espacio sin los lmites de la dominacin, ni de la explotacin. Sin embargo, "el cine de sombras", el cine expresionista, alertaba de la cotidianidad de la locura y la alienacin. Caligari y Nosferatu convivan con ese "ciudadano medio" que en el film "M" de Lang es el autntico vampiro que "estaba entre nosotros", como la pelcula se subtitulaba casi profticamente. Como estudi de un modo inigualable Sigfried Kracauer en su "De Caligari a Hitler", las masas alienadas y maquinizadas de "Metrpolis" se personificaban en "El ltimo" de Murnau en la forma del prototipo psicolgico de personalidad autoritaria que pocos aos despus predominara en la sociedad de la dcada de los aos treinta. Walter Benjamin sealar, desde su conviccin crtica, que:

"Mientras ms disminuye el significado social de un arte, ms se separa la actitud crtica de la mera fruicin por parte del pblico. Lo convencional se disfruta sin crtica alguna; lo que es verdaderamente nuevo se critica con repugnancia. En el cine, la actitud crtica y la del placer del pblico coinciden. Porque el hecho decisivo es el siguiente: en el cine ms que en ningn otro lugar las reacciones individuales, cuya suma constituye la reaccin de masa del pblico, est condicionada preliminarmente por su inmediata masificacin. En cuanto, se manifiestan, se controlan." (BENJAMIN, 1976, p. 25-26; 1988, p. 15-57.)

Tal control ser el siniestro y obsesivo objetivo de las minoras asustadas ante el avance y aparicin de una conciencia nueva de percibir y construir la realidad en las masas, y que tendr en el Arte su manifestacin ms representativa. Del escenario teatral a la sala de cine y de la filosofa hegeliana a la teora de Frankfurt, la percepcin de una radical transformacin de las conciencias est ms all del estrecho cors poltico de la Repblica de Weimar. Pero la corrupcin haba ido abriendo contrafuegos. Antes que las veredas revolucionarias recogiesen la herencia Espartaquista, el Nazismo empez a asomar su perverso semblante. En vano Adorno y Horkheimer denunciarn el renacer de las supersticiones y de los miedos colectivos como formas de control social. En los "Estudios sobre autoridad y familia", Horkheimer avisa sobre la crueldad de lo atvico. Advertencia que Freud ya haba observado en su premonitorio estudio sobre "Lo siniestro". Pero, ahora, lo siniestro revoloteaba sobre la multitud encaminndola hacia la catstrofe. El abismo al que se asoman los ms conscientes creadores estar en la renuncia a la racionalidad, a la imaginacin, al aura. La lucha entre racionalidad e irracionalidad nunca ser tan fastica como la que durante las primeras dcadas del Siglo XX se exteriorizan de una forma tan sobrecogedora. Y en ese combate, la Guerra Mundial acaba con vidas y esperanzas humanas. Pero, a la par, el conflicto blico concluy con el Siglo XX. Nuevas dcadas quedaron despus de mil novecientos cuarenta y cinco; y sin embargo, como en los Cuentos de Hadas, el tiempo y la Historia acabaron detenidos. Sin continuidad, ni persistencia. Artistas como nufragos, intelectuales sumergidos en la confusin. La ideologa ocult el pasado cultural en el que la resistencia ante la injusticia y la lucha contra la deshumanizacin fueron su cimiento. Ese enmascaramiento dura hasta nuestros das. Arte y Literatura fueron encaminndose hacia la transaccin mercantil, Cine y Teatro devinieron en industria, pensadores y creadores se constituyeron en un circuito al servicio del perverso inters dominante. Como afirmaron Benjamin, Horkheimer y Adorno, en tal paralizacin de las mejores fuerzas intelectuales y creativas de la Humanidad, todos salimos perdiendo porque, en ltimo trmino, nos fue arrebatada y arrancada el aura como la bsqueda y la esperanza, conjunta e histrica, de la anticipacin consciente de la Utopa.

 

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Endereço para correspondência
Blanca Muoz
Universidad Carlos III de Madrid, C/. Madrid, 126, 28903 Getafe, Madrid, Espanha
Endereço eletrônico: bmunoz@polsoc.uc3m.es

Recebido em:20/03/2010
Aceito para publicação em: 24/04/2010
Acompanhamento do processo editorial: Jorge Coelho Soares e Ariane P. Ewald

 

 

Notas

1En esta obra se destacan los temas centrales que hacen de la Literatura Alemana un modelo del desarrollo de las pocas histricas por sus ideales literarios-filosficos.
2Kracauer merecera un homenaje y reconocimiento por su importancia no slo en su aplicacin de Freud al anlisis del Cine Expresionista, sino asimismo por su influencia determinante en la Primera Generacin de la Escuela de Frankfurt.
3La figura de Lulu presentada en el film La caja de Pandora de Pabst simblicamente podra interpretarse como una metfora de la Repblica de Weimar, incluso su srdida muerte a manos de Jack El Destripador puede entenderse como una referencia indirecta a la llegada del Nazismo.



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